75018
Al norte, Marx Dormoy y al sur, La Chapelle; este es mi nuevo eje. Aquel número, la referencia de mis coordenadas.
A la luz de la rutina, París no pierde su brillo, por el contrario, se convierte en un cristal que desfragmenta los rayos del sol y los devuelve en un puñado de colores vivos, enseguesedores. Mis pasos los descubren sobre la acera que comparto con indios, africanos, árabes, asiáticos y franceses. Compro gengibre al chino de la esquina, pollo al curry al libanés de la boucherie, plátanos a los africanos frente al Boulevard de La Chapelle, este es el nuevo prisma a través del cual vivo y percibo la metrópolis.
Ahora, mi ciudad se oculta bajo las interminables capas de un parque turístico que no tiene mucho que ver con la riqueza que se esconde en sus hojas más profundas. Una a una van cayendo, mientras camino hasta el metro en las mañanas. Es una experiencia única que se fija en la memoria como telas de colores brillantes, olores a curry, canela, romero y azafrán, trajes exóticos, olores intensos… 75018, mi París, la ciudad oculta que ahora asumo como un reto para descubrir.
